La ética de la IA no puede existir donde la ética humana no se practica
Sobre la hipocresía de pedir a los algoritmos lo que no somos capaces de exigir a las personas. Hay una conversación que se repite en foros de innovación, en estrategias corporativas y en documentos de política pública: la necesidad de garantizar que la inteligencia artificial sea ética, transparente y justa. Se habla de sesgos algorítmicos, de auditorías de modelos, de marcos regulatorios. Todo ello necesario. Todo ello insuficiente si ignoramos una pregunta más incómoda. ¿Qué ocurre cuando las organizaciones que despliegan IA recompensan, explícita o implícitamente, comportamientos no éticos en las personas que las componen? Si una organización recompensa apropiarse del trabajo ajeno, aprovecharse del desconocimiento de las normas o hacer pasar por propio lo que es colectivo, esa es su ética real. Lo demás es marketing. No me refiero a casos extremos ni a organizaciones abiertamente corruptas. Me refiero a algo más cotidiano y por eso más peligroso: los sistemas de incentivos que, en...