viernes, 29 de agosto de 2014

Mercado y moral, fanatismo y tolerancia


29 de agosto de 2014

Llevo ya una temporada larga escuchando a moralistas de toda índole hablar de las maldades del mercado, de la perversidad del capitalismo, de la corrupción de la banca y de la falta de honradez de las empresas.

Las recetas ofrecidas para poner remedio a todos estos males varían, desde las más radicales (si la raíz de todos ellos es el capitalismo como sistema, erradiquemos éste y desaparecerán) a las más intervencionistas (el problema es la falta de regulación, hagamos que el Estado intervenga en todos los sectores de actividad y eso eliminará comportamientos irregulares) sin descuidar las utópicas (los individuos persiguen su interés individual porque se han educado en un sistema sin principios, creemos un sistema solidario y todos los "hombres nuevos" se dedicarán con afán al interés ajeno).

Y, en mi opinión, tanto el problema como la solución, están en las personas: si una persona no tiene principios morales, si no le importa lo que está bien y lo que está mal, si no es capaz de regir sus actuaciones por el criterio de tratar a los demás como quiere ser tratado, entonces, sea cual sea el sistema en el que viva, el trabajo que desempeñe, la organización para la que trabaje o las leyes que le obliguen, se comportará sin respeto alguno por los demás. 

Y eso no puede evitarse: puede (y debe) reducirse su ocurrencia construyendo una sociedad en la que se cada uno de nosotros demos primacía a la responsabilidad individual, a los principios morales, a la integridad, a la honradez y al esfuerzo frente a la holgazanería, al relativismo moral, y al pedir derechos sin deberes.

Pero aún así, en una sociedad libre, habrá individuos que elijan no comportarse como deben. Y para eso no hay más opciones que un sistema de leyes justas y claras, que sancionen al culpable y protejan al resto, y que se apliquen, por parte de los jueces, de manera rápida y sin privilegios.

O sea personas, siempre. El resto, incluyendo las recetas de tanto telepolítico, conduce inexorablemente a los totalitarismos, que para lograr "hombres nuevos" se dedicaron a matar a millones que no lo eran a lo largo de todo el s. XX.

Exactamente lo mismo que pretenden hacer los apóstoles de la "sharia": conseguir un mundo de creyentes en su locura matando a todos los que no quieren compartirla. ¿Hay que ser tolerantes con eso?

Y hoy, con el nuevo curso a la puerta, un poco de guitarra española con música renacentista y barroca.






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LEC